Los astrofísicos explicaron la irregularidad de los destellos de rayos X de un agujero negro: una estrella o un pequeño agujero negro choca con un disco de acreción deformado, lo que altera el momento y el brillo de los destellos. Es como si un disco de vinilo irregular hiciera saltar la aguja de forma desigual. El diagrama brillo-recurrencia dibuja una elipse, y su inclinación revela la dirección de rotación. El modelo se ajusta a las observaciones de GSN 069 y predice que, en un par de décadas, LISA podrá detectar las ondas gravitacionales de dicho sistema.
Un gigantesco agujero negro desgarró una estrella, y de ella quedó un disco torcido de gas incandescente, como un disco de vinilo deformado por el calor. Ahora, un diminuto agujero negro (o una estrella) corretea alrededor y perfora regularmente ese disco. Cada pinchazo es un brillante destello de rayos X.
El patrón de destellos de la galaxia lejana resultó ser estrictamente rítmico: unos largos y potentes, otros cortos y débiles. Así suena la «música» de un vinilo deformado. La órbita del pequeño objeto gira lentamente en el campo del agujero central, y con cada vuelta se repite el mismo patrón de destellos.
Este ritmo permite sopesar directamente la rotación del agujero negro. Si el pequeño acompañante también es un agujero, su órbita se encogerá, y dentro de 30 a 40 años el sistema sonará en las frecuencias de las ondas gravitacionales. El detector espacial LISA escuchará su «chirrido» a través de millones de años luz.
🎯 Los agujeros negros «cantan»: al acercarse, emiten ondas gravitacionales cuya frecuencia aumenta, como el sonido de una sirena. Estos «chirridos» son captados por los detectores terrestres, y LISA los escuchará desde el espacio profundo.
🎬 Si los escritores de ciencia ficción ven portales en los agujeros negros, los astrónomos los convierten en tocadiscos: el disco de gas se vuelve un vinilo y la gravedad dicta el ritmo.