Se investiga el entrelazamiento inducido por gravedad de la luz de salida de dos sistemas optomecánicos pulsados con desafinación al rojo, cuyas masas están vinculadas por la gravedad. En cada sistema, el acoplamiento optomecánico intercambia estados entre el pulso óptico y el modo mecánico. Mediante dos pulsos rectangulares —uno para escribir un estado no clásico en la mecánica y otro para la lectura posterior— se encuentra que la luz de entrada comprimida o en estado Fock amplifica el entrelazamiento. Sin embargo, el umbral para su aparición está rígidamente fijado por la competencia entre la gravedad y el ruido térmico: la interacción gravitatoria debe superar el doble del producto de la tasa de disipación del modo por el número medio de fonones térmicos, y ninguna elección del estado de entrada reduce este requerimiento. Esto se demuestra para estados gaussianos y de Fock. Con detección no ideal, se identifican regímenes de supresión del entrelazamiento, determinados únicamente por la decoherencia térmica, independientemente de la gravedad.
Dos diminutos espejos en el vacío son como patinadores en pareja. Sus oscilaciones se sincronizan mediante un hilo gravitacional invisible. Al enfriarlos a millonésimas de grado por encima del cero, ese hilo los convierte en un único vínculo cuántico: el movimiento de uno resuena instantáneamente en el otro.
Un láser escribe el estado cuántico en el espejo izquierdo. Gracias a la gravedad, la información se transfiere parcialmente al derecho. La luz especialmente filtrada (fotones sin ruido) amplifica el efecto.
Si el experimento tiene éxito, demostrará la naturaleza cuántica de la gravedad. Dos cuerpos masivos, entrelazados solo por la gravedad, mostrarán que el espacio-tiempo se cuantiza, como las ondas electromagnéticas. Einstein buscó una teoría unificada, y este experimento la convierte de un sueño en un objetivo práctico.
🎯 A temperatura ambiente, los empujones térmicos son miles de millones de veces más fuertes que la atracción gravitacional entre los espejos. Pero en el frío por debajo de una millonésima de grado del cero absoluto, la gravedad se convierte en el director principal de la danza cuántica.
🎬 La idea de una conexión cuántica gravitacional resuena con los «transmisores de gravitones» de la ciencia ficción: dispositivos que usan la curvatura del espacio-tiempo para comunicarse. Aquí no es ficción, sino un plan de laboratorio.