La sincronización es un fenómeno bien conocido en la física clásica, por ejemplo, cuando los péndulos comienzan a oscilar al unísono. Ahora, los científicos han demostrado la sincronización cuántica para un estado no clásico (con función de Wigner negativa), donde el sistema mismo se comporta como un ciclo límite de Fock. Este estado se logró fijar en un ritmo externo, dentro de la lengua de Arnold, la región de sincronización estable. Resultado clave: la sincronización está relacionada con la supresión de los deslizamientos de fase, fallos aleatorios del ritmo cuya probabilidad disminuye exponencialmente. Se propone un nuevo método para extraer la frecuencia de dichos fallos a partir de la evolución del sistema.
Los metrónomos que todos conocemos, si se colocan sobre una base móvil, con el tiempo acaban balanceándose al unísono. En el mundo cuántico, este truco fue esquivo durante mucho tiempo. Pero ahora los físicos han logrado sincronizar incluso el estado más extraño: el estado de Fock, donde el número de partículas de luz está estrictamente definido, como en un contador. Un púlsar cósmico marca el ritmo con una precisión fantástica; este experimento es su análogo microscópico. Se basa en las ideas de Roy Glauber y Serge Haroche.
Los científicos usaron una diminuta cavidad para microondas y la llenaron con un número exacto de fotones. Así surgió un estado puramente cuántico, sin equivalente clásico: por ejemplo, su «nube de probabilidad» toma valores negativos, algo imposible en nuestro mundo. Mediante espectroscopía (el análisis de la respuesta a distintas frecuencias), aplicaron una señal externa y descubrieron que el sistema se «pega» al ritmo. La región de sincronización estable en la gráfica forma una figura parecida a una lengua: cuanto más intensa es la señal, más ancha es la «lengua» y más fácil resulta la captura de fase.
El principal hallazgo tiene que ver con la fiabilidad. A veces el metrónomo cuántico falla: la fase se desliza. Pero la probabilidad de esos desórdenes cae exponencialmente al aumentar la potencia de la señal. Basta un pequeño refuerzo para que los fallos desaparezcan. Esto abre la puerta a relojes cuánticos ultraestables, sensores y componentes de computadoras donde el ritmo es crítico.
🎯 Los estados de Fock llevan el nombre del físico soviético Vladímir Fok. Su carácter no clásico se confirma mediante la función de Wigner negativa, la misma prueba que se emplea para verificar las computadoras cuánticas.