Las mediciones ultraprecisas en moléculas polares se vieron limitadas durante mucho tiempo por la falta de estados entrelazados útiles para la metrología. En este trabajo se implementan por primera vez estados comprimidos de espín en un arreglo de pinzas ópticas con moléculas de CaF, donde los grados de libertad de espín están codificados en niveles rotacionales acoplados mediante interacción de intercambio dipolar. Mediante esquemas de desacoplamiento dinámico e ingeniería de Floquet se alcanza una ganancia metrológica de hasta 3,0(3) dB (2,2(3) dB sin corrección de medición), lo que corresponde a una mejora en la sensibilidad a campos homogéneos y espacialmente no homogéneos. Las mediciones con resolución a nivel de sitio y de estado de espín revelan correlaciones no clásicas, incluyendo entrelazamiento bilateral y control de tipo Einstein-Podolsky-Rosen. Los estados comprimidos se transfieren a niveles hiperfinos no interactuantes de larga vida, donde la ganancia metrológica se conserva hasta 100 ms. Los resultados convierten las pinzas ópticas moleculares en una plataforma escalable para la generación, control y almacenamiento de estados entrelazados, abriendo el camino hacia sensores cuánticos mejorados y pruebas de precisión de la física fundamental.
Cualquier instrumento de medición se ve afectado por el ruido cuántico — el temblor caótico de las partículas elementales. Para dominarlo, los físicos aplicaron a moléculas de fluoruro de calcio un truco similar a apretar un globo: presionas en un lugar y sobresale en otro. Aquí la misma idea: la incertidumbre cuántica se traslada a un parámetro que no es relevante para la medición, y la magnitud deseada se vuelve tres veces más precisa.
Las moléculas se mantuvieron en trampas de luz láser, haciéndolas girar de manera coordinada, como diminutos trompos. Utilizando pulsos láser y un control ingenioso de la luz, los científicos generaron su entrelazamiento — ese que Einstein llamaba «espeluznante». Además, el estado comprimido se pudo grabar en la rotación interna de la molécula, donde se almacenó durante 100 milisegundos. Es como guardar un «secreto» cuántico en una caja fuerte. Ahora estos sensores moleculares pueden buscar materia oscura, poner a prueba las leyes más allá de la física conocida y detectar ondas gravitacionales.
🎯 Hasta ahora, la compresión cuántica solo se había logrado con átomos o iones individuales; las moléculas, objetos mucho más complejos, se utilizan por primera vez.