La cosmología predice más litio-7 del que observamos en el cosmos. Una nueva explicación: los agujeros negros primordiales emiten neutrones que, como un borrador, eliminan el litio sobrante, transformándolo en helio. Así, los antiguos y diminutos agujeros ayudaron a que el Universo fuera como lo vemos.
Justo después del Big Bang, mientras se expandía y enfriaba, el Universo cocinó los primeros elementos: sobre todo hidrógeno y helio, y una pizca de litio. La teoría predice con precisión las cantidades de hidrógeno y helio, pero el litio-7 resulta ser tres veces más abundante de lo que se observa en las estrellas antiguas: una mancha en el lienzo cósmico.
Para eliminar la mancha entraron en juego los agujeros negros primordiales —migajas nacidas justo después de la explosión—. Stephen Hawking descubrió que estos agujeros se evaporan emitiendo partículas. Los más diminutos (con la masa de una montaña y un tamaño menor que un átomo) emitían neutrones —pequeños proyectiles que transformaban el litio-7 en átomos inestables que instantáneamente decaían en helio-4 común. Durante la evaporación también aparecía antimateria, pero se aniquilaba rápidamente sin interferir en el proceso. Así, los agujeros negros actuaron como gomas de borrar: eliminaron el exceso de litio sin tocar el resto.
Un giro inesperado: normalmente los agujeros negros lo absorben todo, pero estos, al contrario, reescribieron la composición química del cosmos. Su labor duró un par de miles de años y pudo dejar una huella en la radiación de fondo de microondas —la luz más antigua que nos llega desde que el Universo tenía 380 000 años.
🎯 Si los agujeros negros primordiales constituyen una parte de la materia oscura, ahora mismo, en nuestra galaxia, podrían evaporarse varios de estos objetos cada segundo — diminutos fuegos artificiales invisibles al ojo.