Una bola de billar, al golpear la pirámide, esparce las bolas en una caprichosa cadena. Algo similar probablemente ocurrió en el cosmos: la colisión de dos cúmulos de materia oscura exprimió la materia ordinaria en una línea de galaxias enanas galaxias, casi desprovistas de un armazón invisible. Ya en el siglo pasado, Vera Rubin y Fritz Zwicky demostraron que usualmente esa masa invisible mantiene unidas a las estrellas, y Edwin Hubble subrayó: sin distancias precisas no se puede decidir si tenemos ante nosotros una realidad o una ilusión.
Los telescopios James Webb y Hubble midieron las distancias a cada enana mediante finas pulsaciones de luz, y además, con ayuda de la fotometría, tuvieron en cuenta las distorsiones causadas por el polvo cósmico y mediante espectroscopía determinaron las velocidades de movimiento.
Resultó que las ocho enanas cuelgan en la misma región, a 65 millones de años luz de nosotros. La ilusión se ha disipado. Es cierto que la famosa galaxia DF2 se acercó un poco más —a 55 millones de años luz— y esto es un nuevo enigma. Pero lo principal es innegable: las galaxias sin materia oscura existen, y tal vez sean ellas las que nos cuenten de qué está hecho el armazón invisible del Universo.
🎯 La galaxia DF2 fue detectada por primera vez en 1978, pero sus sorprendentes propiedades —la casi total ausencia de materia oscura— no se comprendieron hasta 40 años después.