La materia oscura es una ventana invisible que curva la luz de las galaxias. La descubrió Vera Rubin al notar que las estrellas se mueven demasiado rápido. Tal vez esa ventana esté hecha de axiones, partículas miles de millones de veces más ligeras que un electrón, inventadas por Roberto Peccei y Helen Quinn para corregir el Modelo Estándar. Los axiones son esquivos: atraviesan un año luz de plomo sin chocar. Si la materia oscura es un vidrio, los axiones son rayones en él. Los científicos buscaron esos rayones en la radiación cósmica de fondo, la luz del Big Bang. Objetos masivos la curvan, creando lentes gravitacionales. Tres telescopios midieron las distorsiones para calcular la fracción de axiones. El resultado: para una masa determinada, los axiones no superan el 1,5% de toda la materia oscura. Es como buscar un puñado de arena en una piscina olímpica. Para otro tipo hubo un atisbo débil — como un reflejo en el vidrio —, pero probablemente sea una casualidad. La ventana del cosmos guarda sus secretos.
El nombre «axión» surgió de una broma: los físicos tomaron el nombre de un detergente en polvo, porque la nueva partícula «limpiaba» la teoría de una molesta paradoja matemática.