Las gigantes rojas son estrellas envejecidas e hinchadas. En su interior bulle un océano de plasma: el calor se abre paso desde el núcleo hacia la superficie, generando ondas parecidas a un potente oleaje. El campo magnético dentro de la estrella actúa como un relieve submarino invisible: dirige esas ondas, modifica su altura y velocidad. Antes, los astrónomos solo podían considerar un “fondo” plano y simétrico, pero la realidad es mucho más compleja.
Un nuevo método de cálculo ha permitido por primera vez recrear ondas en campos magnéticos de cualquier forma. Se descubrió que una onda puede cambiar su aspecto sobre la marcha: al toparse con un campo fuerte, no desaparece, sino que se transforma en otro tipo de onda. Donde el campo se debilita, las ondas incluso saltan por encima de “umbrales magnéticos”, conservando su energía.
Estos hallazgos hacen más precisa la diagnosis espectral de las estrellas. Y es que un destino similar le espera a nuestro Sol: dentro de miles de millones de años se convertirá en una gigante roja con un inquieto corazón magnético.
Las gigantes rojas son el futuro de nuestro Sol. Cuando se agote el hidrógeno en su núcleo, se hinchará y su campo magnético podría volverse tan caótico como el de las estrellas estudiadas.