En el medio acuático, los vórtices desestabilizan al pez mecánico. El agente de IA, como un cocinero experimental, lanzaba simulaciones, probaba «recetas» de movimientos y mejoraba el programa. Cada experimento es como una espectroscopia: el agente descomponía el comportamiento en elementos, descubriendo patrones. Al principio, el pez solo remaba en una dirección. Pero el agente, tras probar cientos de combinaciones, obtuvo un algoritmo universal para cualquier dirección. El resultado: una instrucción clara: onda corporal, puntería, estabilización. Esto redujo la entropía (desorden) de los movimientos al mínimo.
Sorprendentemente: el agente inventó una forma de nadar que no existe en la naturaleza: una onda corporal simultánea con el apuntado al objetivo, como un torpedo autoguiado. Todas sus «recetas» las anotó en un registro, haciendo la lógica de la IA más transparente que cualquier red neuronal.
A diferencia de las redes neuronales, cuyo funcionamiento está oculto, este agente dejó un diario detallado de todas las decisiones, como un recetario abierto.