Una moneda diminuta orbita alrededor de una pesada bola de bolos. La moneda es un pequeño agujero negro o una estrella de neutrones, y la bola es un agujero negro supermasivo en el centro de una galaxia. Estas parejas se denominan inspiraciones extremas: el objeto pequeño se acerca gradualmente al grande en espiral, emitiendo ondas en el espacio-tiempo: ondas gravitacionales.
Tres futuros detectores espaciales se preparan para captar estas ondas: LISA, TAIJI y TianQin. Estarán operativos alrededor de 2035. Cada instrumento consta de tres satélites que vuelan en formación triangular y miden cambios mínimos en la distancia entre ellos. Los científicos se preguntaron: ¿cuánto mejor trabajarán juntos que por separado? Resultó que una red de tres instrumentos en un mes de observaciones proporciona la misma precisión que un solo LISA durante un año entero. La diferencia es especialmente notable al determinar el lugar en el cielo de donde proviene la señal: el error se reduce hasta cien veces.
Este resultado es importante no solo para la astronomía. Cuanto mejor midamos estas señales, mejor podremos comprobar cómo funciona la gravedad en los campos más intensos, donde la curvatura del espacio-tiempo se vuelve extrema. La red de detectores convierte una "instantánea" corta en un mapa detallado, permitiendo mirar en las cercanías de un agujero negro tan profundamente como nunca antes. Y entonces la pequeña moneda junto a la bola de bolos podrá contarnos mucho más sobre sí misma.
El error en la determinación de la posición de la fuente en el cielo para una red de tres detectores en un mes de observaciones puede ser cien veces menor que el de un solo LISA.