En los primeros instantes tras el Big Bang, había casi la misma cantidad de materia y antimateria. Pero algo rompió el equilibrio; de lo contrario, todo se habría aniquilado en radiación y el mundo habría quedado vacío. Uno de los candidatos a 'rompedor' son los neutrinos diestros superpesados. Son partículas gemelas de los neutrinos ordinarios, pero miles de millones de veces más masivas. El problema es que en el Universo temprano y caliente es difícil producirlos en la cantidad necesaria.
Los autores del trabajo proponen una fuente inesperada: los agujeros negros primordiales. Son objetos diminutos que pudieron formarse a partir de grumos de materia superdensa en los primeros instantes. Un agujero así, con la masa de un asteroide, se evapora mediante la radiación cuántica de Hawking, un flujo de partículas que escapa del agujero negro gracias a efectos cuánticos en el horizonte. En ese flujo también aparecen los neutrinos buscados. Luego todo ocurre como en una reacción en cadena: los neutrinos se desintegran, creando un exceso de materia, y además emiten ondas gravitacionales, ondas en el propio espacio-tiempo.
Lo más interesante es la 'huella' gravitacional. Tal evento deja no uno, sino varios picos en diferentes frecuencias: por la desintegración de los neutrinos, por la propia evaporación del agujero y por las inhomogeneidades que este creó en el espacio. Estas frecuencias van desde megahercios hasta exahercios, un rango aún inaccesible para los detectores actuales. Pero la tecnología avanza, y una señal multifrecuencia podría ser una auténtica 'mina de oro' para los futuros observatorios.
Así, diminutos agujeros negros, evaporados sin dejar rastro, podrían dejar tras de sí toda una sinfonía de ondas gravitacionales y la clave para uno de los mayores misterios de la cosmología.
Los agujeros negros primordiales, si existen, pueden tener el tamaño de un núcleo atómico pero pesar como una montaña.
En la novela 'El huevo del dragón' de Robert Forward se describe vida en una estrella de neutrones; aquí, diminutos agujeros negros se convierten en 'fábricas' de materia.