Los agujeros negros son regiones del espacio con una gravedad tan intensa que ni siquiera la luz puede escapar de ellos. Normalmente, un agujero negro no puede dividirse por sí mismo en dos, igual que no se puede romper una pompa de jabón sin esfuerzo: lo impide una ley especial de no disminución del área. Los científicos han descubierto que, en condiciones inusuales (por ejemplo, cuando el agujero gira muy rápido o en espacios con más dimensiones), la fragmentación podría ser posible.
Un agujero negro es como una gota giratoria de líquido viscoso. Normalmente, esa gota tiende a permanecer entera: la división reduciría su superficie, lo que contradice la ley de no disminución de la entropía (una medida del desorden, como una taza rota que no se pega sola). Para los agujeros negros sin rotación, descubiertos por Karl Schwarzschild, la división es imposible. Sin embargo, con una rotación violenta, las fuerzas centrífugas estiran el agujero negro, y de él puede desprenderse un fragmento microscópico. Este proceso recuerda a la división de un núcleo atómico en el modelo de gota líquida. Los físicos también han considerado mundos con dimensiones adicionales, donde la curvatura del espacio-tiempo se comporta de forma diferente, y los agujeros negros pueden volverse inestables, como largos hilos líquidos a punto de romperse. Tal descomposición podría alterar la población de agujeros negros primordiales, nacidos en el joven Universo.
🎯 La fusión de agujeros negros, por el contrario, siempre aumenta el área total: este proceso se asemeja a la fusión de gotas de mercurio y va acompañado de potentes [tag:gravitational_waves]ondas gravitacionales[/tag].