La colisión de dos estrellas de neutrones es un laboratorio cósmico donde la materia se comprime hasta densidades inimaginables. En los primeros instantes tras la fusión, se forma una nube ardiente que se enfría emitiendo neutrinos. Estas partículas invisibles se llevan la energía y dictan cuánta materia será expulsada al espacio y qué elementos pesados se sintetizan.
Hasta ahora, en las simulaciones por computadora los neutrinos se describían de forma aproximada: su energía se promediaba y las reacciones complejas se simplificaban. Los autores del trabajo complicaron el modelo paso a paso. Permitieron que los neutrinos se dispersaran en electrones, algo así como una bola de billar que cambia su trayectoria tras golpear a otra. Y calcularon con más precisión cómo los pares de neutrino y antineutrino se convierten en radiación.
El resultado sorprendió: incluso pequeñas correcciones redujeron la energía media de los neutrinos pesados y aumentaron la masa de materia expulsada en un 50%, aunque partiendo de un nivel inicial muy modesto (menos de 0,005 masas solares). Cuando los científicos variaban ligeramente la masa total del sistema binario, la expulsión se intensificaba o casi desaparecía, como un grifo que se abre y se cierra.
Este enfoque, aunque añade ruido a los cálculos, permitió por primera vez rastrear detalles sutiles del espectro de neutrinos sin costes adicionales.
En la fusión de estrellas de neutrones, en un segundo se generan más neutrinos de los que emitirá nuestro Sol durante toda su vida.
En la novela «Visión ciega» de Peter Watts, se utiliza la comunicación por neutrinos para contactar con una nave alienígena, tal es la ubicuidad y capacidad de penetración de estas partículas.