En algún lugar del cosmos, un faro de radio destella por una fracción de segundo y se apaga. Estas señales se denominan estallidos rápidos de radio. Provienen de otras galaxias y duran desde microsegundos hasta milisegundos. En ese instante, el estallido libera tanta energía como las explosiones más potentes en estrellas de neutrones de nuestra Vía Láctea. Pero qué sirve exactamente de faro sigue siendo un enigma.
El principal sospechoso es el magnetar (una estrella de neutrones con un campo magnético colosal). Sin embargo, las pistas apuntan también a otros: un par de estrellas de neutrones que interactúan magnéticamente, o un agujero negro que atrae materia. La diversidad de estallidos y de sus lugares de origen sugiere que podría haber varios mecanismos, como si diferentes orquestas interpretaran la misma melodía, cada una a su manera.
El nuevo instrumento, el radiotelescopio SKA (Square Kilometre Array), promete convertirse en el detector ideal para estas señales. Sus antenas se desplegarán en el hemisferio sur, cubriendo la misma región del cielo que el observatorio Vera Rubin. El SKA será más sensible que los telescopios de rastreo actuales, podrá buscar estallidos de hasta decenas de microsegundos de duración y abarcará frecuencias desde 50 megahercios hasta 15 gigahercios, como si escucháramos el cosmos en todas las ondas de radio a la vez.
Al desvelar la naturaleza de los estallidos rápidos de radio, no solo entenderemos cómo funcionan estos faros cósmicos, sino que también podremos usarlos para medir distancias en el universo. Los estallidos se convertirán en una regla calibrada por la propia física de los objetos extremos. Entonces, el misterioso destello que dura menos que un latido nos contará cómo se expande el cosmos.
Si pudieras oír las ondas de radio, un estallido rápido de radio sonaría como un clic único, tan corto que el oído humano no distinguiría ningún tono.