Un electrón y un positrón pueden formar un átomo de positronio de corta vida. Al desintegrarse, se producen dos fotones enlazados como dos monedas que siempre caen mostrando la misma cara: si mides una, instantáneamente sabes la otra. Los científicos propusieron un método para verificar este vínculo mediante la dispersión de luz. Es como si dos espejos reflejaran el mismo rayo.
Cuando un electrón y su antipartícula —el positrón, predicho por Dirac— se encuentran, forman fugazmente un positronio: un minúsculo par que orbita uno alrededor del otro, como en un átomo pero sin núcleo. Casi de inmediato se desintegra, emitiendo dos fotones que quedan misteriosamente vinculados. Este vínculo, el entrelazamiento cuántico, se asemeja a un par de monedas mágicas: sin importar cuán lejos se alejen, si una muestra «cara», la otra siempre muestra «cruz». John Bell demostró que este comportamiento no es un truco, sino una propiedad fundamental del micromundo.
Para comprobarlo, los físicos idearon lo siguiente: 'empujan' un fotón contra un electrón (este fenómeno es la dispersión Compton). Observando cómo rebota el fotón, podemos deducir de qué lado 'cayó' nuestra moneda. Y en cuanto lo sabemos, el segundo fotón se vuelve instantáneamente definido, incluso si ya ha viajado al otro extremo de la galaxia. Este experimento abrirá el camino para crear canales de comunicación perfectamente seguros y ordenadores cuánticos.
🎯 El positronio es el sistema 'atómico' exótico más ligero: es 920 veces más ligero que el hidrógeno y se desintegra en 0,1 nanosegundos.