Imagínese una canica en un hueco de una pendiente: un empujón y rueda hacia abajo. Así, un vacío inestable puede decaer, generando burbujas de una nueva fase. Los físicos simularon este proceso para un sistema cuántico en el plano y demostraron que el tamaño crítico de la burbuja juega un papel decisivo. ¿Y si nuestro vacío también es inestable?
El vacío no es único. El estado de energía más bajo es el vacío verdadero, y cualquier estado superior, el falso. El vacío falso se asemeja al agua subfundida: líquida bajo cero, se congela al instante con un solo cristal de hielo. Igual aquí: el nacimiento de una burbuja de vacío verdadero de tamaño crítico desencadena un crecimiento irreversible. Alan Guth y Stephen Hawking propusieron que así comenzó el cosmos.
Hace poco, científicos en un modelo informático descubrieron que todo depende del tamaño inicial de la burbuja. La escala crítica es minúscula, pero marca la frontera entre la calma y la catástrofe.
Es posible que el Universo esté en un equilibrio inestable en el vacío falso debido al campo de Higgs inestable; la desintegración podría empezar en cualquier punto.
Esta fragilidad ayuda a hacer más fiables los ordenadores cuánticos y a proteger la memoria cuántica. Además, esas transiciones impulsaron la inflación cósmica del Universo temprano y aclaran los efectos térmicos cuánticos.
🎯 El concepto lo ideó Sidney Coleman, inspirándose en el agua subfundida.
🎬 En la trilogía de Liu Cixin «El recuerdo del pasado de la Tierra», la desintegración del vacío falso es un arma que borra civilizaciones: basta con iniciar una reacción en cadena.