Una cuerda tensa suena: cuanto mayor es la tensión, más rápido viaja el sonido. En el superfluido condensado de Bose-Einstein, el papel de la tensión lo juega una elasticidad especial debido al movimiento coordinado de las partículas. Al calentarse en una capa bidimensional aparecen vórtices — como nudos en la cuerda. Debilitan la elasticidad, el sonido se ralentiza. Cuando hay muchos vórtices, la cuerda se afloja y el sonido desaparece.
En los superconductores, estas fluctuaciones de vórtices son perceptibles en un rango de millonésimas de grado, mientras que en las bicapas excitónicas lo son en grados enteros. Un regalo para los experimentadores. Cálculos con teoría cuántica de campos y simulaciones confirman: en el grafeno bicapa el sonido se silencia a temperaturas diez grados por encima del cero absoluto. Esto puede detectarse mediante espectroscopía (dispersión de luz) e interferometría (superposición de ondas).
Ya a mediados del siglo XX, Richard Feynman, Lev Landau y John Bardeen relacionaron la superfluidez con los vórtices y la fase del estado cuántico. El nuevo trabajo proporciona una confirmación directa y medible de esto.
En los superconductores convencionales, las fluctuaciones de vórtices son perceptibles en un diminuto intervalo de temperaturas (milikelvins), mientras que en las bicapas excitónicas lo son en varios grados. Esto los convierte en un banco de pruebas ideal para estudiar efectos cuánticos.