El destello dura una milésima de segundo, pero en ese instante libera tanta energía como la que el Sol emite en un día. Estas señales, las ráfagas rápidas de radio, son captadas por los telescopios desde 2007, y su origen sigue siendo un misterio. Un nuevo trabajo propone una respuesta elegante: todo se debe a un amplificador cósmico.
La onda de choque atraviesa una nube magnetizada de electrones y sus antipartículas, los positrones. En su frente se forman condensaciones que actúan como espejos en movimiento. Captan el «susurro» electromagnético de baja frecuencia que viaja delante y lo aceleran hasta altas frecuencias: así nace la ráfaga de radio. Las frecuencias, duraciones y potencias obtenidas en el modelo coinciden con las esperadas en las cercanías de los magnetares.
Este mecanismo no es solo teoría. Explica por qué las ráfagas son tan cortas y potentes: la onda de choque comprime la energía en el tiempo y en la frecuencia, como un instrumento musical que concentra el sonido disperso en una nota fuerte. Los magnetares, con sus campos magnéticos monstruosos, se convierten en los principales sospechosos del caso de los gritos cósmicos de radio.
El campo magnético de un magnetar es tan intenso que a mil kilómetros de distancia desgarraría los átomos de tu cuerpo, estirando las nubes de electrones hasta convertirlas en finas agujas.