Las antenas convencionales, para determinar la dirección con precisión, deben trabajar de forma coordinada: captan no solo la intensidad, sino también la fase de la onda en cada instante. El más mínimo error de calibración y la dirección se pierde. El nuevo método se basa únicamente en la intensidad de la señal. Es como buscar un camino en la niebla viendo solo el brillo de las luces, no su color. Sensores simples miden la intensidad, y un algoritmo cruza sus lecturas para localizar las fuentes. Este enfoque recuerda a la fotometría en astronomía: los científicos juzgan las estrellas solo por su brillo. Para filtrar el ruido, el algoritmo busca la explicación más sencilla: normalmente hay pocas fuentes. Es parecido a cómo la espectroscopía descompone una mezcla de luz en colores puros, aunque aquí solo se analiza la intensidad. La búsqueda de raros destellos sobre un fondo silencioso es similar al método de tránsito para encontrar planetas.
Las pruebas confirman que, en condiciones normales, el método no es inferior a los tradicionales, y con fuertes interferencias los supera ampliamente. Esto abre el camino a sistemas baratos y fiables sin configuraciones complejas.
Nuestro cerebro determina la dirección del sonido por la diferencia de volumen entre los oídos. Para las frecuencias altas, este método es incluso más preciso que captar la diferencia en el tiempo de llegada.