Todos los aminoácidos en las proteínas son zurdos, los azúcares del ADN son diestros. Esta homoquiralidad la heredó la vida del cosmos. Ya Schrödinger reflexionó sobre el origen del orden, y Wu demostró que la fuerza débil distingue lados. Zwicky añadió que las explosiones de supernovas bombardean todo con neutrinos. Ahora, un modelo explica que la brisa de neutrinos, soplando durante miles de millones de años, empujó suavemente a las moléculas hacia una única forma especular.
Este empujón fue insignificante, pero la química lo amplificó: el desequilibrio inicial aceleró su propio crecimiento, como una bola de nieve que desencadena una avalancha. En nubes de gas interestelar a –170°C, en 300 millones de años surge un exceso superior al 10% de moléculas zurdas, según confirmó una simulación numérica. El meteorito Murchison conserva exactamente ese mismo exceso.
Esto significa que las lejanas explosiones estelares no solo nos dieron los átomos, sino que también definieron la arquitectura misma de la vida; en todo el Universo podría resultar ser igual. Los espectroscopios ya buscan confirmarlo.
Los neutrinos son tan fantasmales que atraviesan la Tierra de lado a lado sin dejar rastro, pero su influencia secular moldeó la base de toda la vida terrestre.
En la novela de Michael Crichton «La amenaza de Andrómeda», la vida alienígena utiliza una quiralidad molecular opuesta, y eso se convierte en una amenaza para la humanidad.