Dos jardineros negocian por el agua de un pozo mágico. Uno propone cuántos cubos tomar, el otro puede aceptar o rechazar. Si se hace el trato, el agua disminuye; si no, el pozo se vuelve a llenar gradualmente. Este regateo se repite cientos de veces, y los hábitos de los jardineros a veces cambian aleatoriamente, como si estuvieran probando nuevas tácticas.
Cuando el agua se repone rápido, ambos entienden pronto: el reparto justo es lo más beneficioso.
Pero si el manantial apenas gotea, comienzan los fallos. Desesperados, los jardineros rompen cualquier acuerdo, y esto le da tiempo al pozo para recuperarse. En cuanto el nivel sube, la malicia se va, y la justicia regresa.
La paradoja es que precisamente la ruptura de tratos —un comportamiento aparentemente dañino— salva la fuente del agotamiento total. Cabe destacar que si un jardinero es siempre avaricioso, el otro, al rechazar repartos desfavorables, ayuda sin querer a ambos: el pozo no se vacía, y la avaricia se castiga a sí misma.
La idea de estas negociaciones repetidas se remonta a John von Neumann, pero tener en cuenta la variabilidad del recurso da un vuelco a las predicciones.
En un famoso experimento donde una persona reparte una recompensa y la otra puede rechazarla, la gente a menudo rechaza ofertas injustas, incluso perdiendo su parte; así se manifiesta un sentido innato de justicia.