La cosmología se ha metido en un buen lío. Las dos principales formas de mirar al pasado del universo —la radiación temprana (la radiación cósmica de fondo) y los objetos más tardíos como las supernovas— arrojan números diferentes tanto para la velocidad de expansión (la constante de Hubble) como para lo 'grumosa' que está distribuida la materia. Es como si dos termómetros en la misma habitación marcaran temperaturas distintas: o los termómetros mienten, o no entendemos algo sobre la propia habitación.
Los autores del estudio probaron una tercera vía: cambiar la 'receta' del lado oscuro del cosmos. En lugar de la energía oscura y la materia oscura estándar, tomaron una única sustancia: el gas de Chaplygin generalizado entrópico. Suena aterrador, pero la idea es simple: es un fluido que en el universo temprano se comportaba como polvo (materia oscura) y más tarde como un resorte (energía oscura), con su comportamiento ligado a propiedades térmicas. El modelo se ajustó a los datos: explosiones de supernovas, oscilaciones acústicas bariónicas (ondas sonoras del plasma primigenio) y el crecimiento de estructuras.
El resultado es curioso. El nuevo modelo apenas altera el curso general de la expansión, pero introduce un sutil cambio en las épocas tardías, algo así como si en los últimos kilómetros de un maratón el corredor modificara ligeramente su ritmo. Eso basta para acercar un poco las estimaciones de la velocidad de expansión. Pero con la 'grumosidad' (el parámetro S8) el truco no funciona: las discrepancias permanecen casi intactas. Una herramienta especial, el Tensiometer, mostró que el desplazamiento en el espacio de los tres parámetros principales ocurre a lo largo del eje que corresponde a la expansión y apenas afecta al eje del crecimiento de estructuras.
Esto sugiere una idea interesante: quizás las dos grandes 'tensiones' cosmológicas viven en sectores físicos diferentes. Una (la expansión) es sensible a cómo está construido el propio espacio-tiempo a gran escala, y la otra (la agrupación) a las propiedades de la materia oscura y la gravedad a pequeña escala. Si es así, podría no existir una cura única para ambos problemas; habría que arreglar la cosmología por partes.
A la constante de Hubble a veces se la llama 'el número más incómodo de la cosmología': decenas de equipos revisan las mediciones, pero la discrepancia persiste.
En la novela 'Contacto' de Carl Sagan, los protagonistas descubren un mensaje oculto en la propia expansión del universo, como si el cosmos mismo sugiriera dónde buscar nueva física.