Para asomarse a lo más profundo de la estructura del mundo, los físicos aceleran electrones y los hacen chocar. Un electrón común se parece a una peonza que gira de cualquier manera. Para experimentos delicados se necesitan partículas en las que todas las peonzas apunten en la misma dirección: eso se llama polarización. Lograr un haz tan ordenado en un acelerador de plasma había sido un desafío durante mucho tiempo.
Un grupo de investigadores encontró una vía alternativa. Tomaron un gas de moléculas de halogenuro de hidrógeno (compuestos como el fluoruro de hidrógeno), donde los espines de los electrones ya están alineados, como agujas de brújula apuntando al norte. Dos rayos láser, uno ultravioleta y otro visible, inciden sobre las moléculas y crean un medio de dos componentes: los átomos de halógeno excitados pierden electrones fácilmente, mientras que los protones de hidrógeno retienen firmemente sus electrones polarizados. Luego entra en acción el plasma, y los electrones deseados son capturados en un paquete acelerado.
Esta fuente puede compararse con las mejores tradicionales, pero utiliza un acelerador de plasma compacto. Es como reemplazar una enorme cadena de montaje industrial por una elegante máquina de sobremesa sin perder calidad. El resultado promete nuevos experimentos en la frontera entre la física de partículas y la búsqueda de desviaciones del modelo estándar.
El espín del electrón no es una rotación en el sentido habitual. No tiene tamaño para girar, pero se comporta como un diminuto imán con dos orientaciones.