Newton nos regaló un mundo donde los cuerpos se mueven en el vacío y los relojes marcan el mismo ritmo para todos. Durante tres siglos, esta imagen funcionó a la perfección. Pero en ella hay muchos puntales invisibles: la posición absoluta, la dirección "arriba-abajo", un ritmo temporal único para todo el universo. Nunca los hemos medido directamente, solo a través de las relaciones entre los objetos.
Los autores del nuevo trabajo van eliminando lo superfluo paso a paso. Primero desaparece la posición absoluta: lo importante es solo la distancia entre los cuerpos, no dónde se encuentran exactamente. Luego, la orientación: no importa cómo esté girado el sistema en el espacio. Después, el tiempo único: solo importa el orden de los eventos. Finalmente, la escala: los tamaños de los cuerpos y las distancias entre ellos solo se pueden comparar entre sí, no con un metro patrón.
Lo más interesante ocurre cuando esta visión se aplica al problema de muchos cuerpos que se atraen según la ley de Newton. Surge una magnitud especial: la "diversidad de forma" V. Esta muestra cuán compleja es la configuración del sistema. Esta magnitud crece inexorablemente con el tiempo y define una dirección que antes se atribuía al paso del reloj. Así, de las relaciones nace la flecha del tiempo.
Este enfoque no requiere nuevas partículas ni campos. Simplemente elimina de la descripción del mundo aquello que nunca hemos visto. La idea se remonta a Leibniz y su principio de razón suficiente: todo debe tener una causa. Si no hay razones para el espacio absoluto, entonces no existe. Los autores esperan que este modesto paso en la mecánica newtoniana sugiera algo importante tanto para la relatividad general como para la mecánica cuántica. Después de todo, la naturaleza podría ser más simple de lo que estamos acostumbrados a pensar.
La magnitud V, que sirve como medida de la complejidad de la forma, crece incluso cuando la entropía habitual permanece constante. Captura la flecha del tiempo donde los relojes comunes callan.