Una red aleatoria clásica se parece a un mapa de carreteras: para que cuatro ciudades se conecten en un cruce complejo, hay que tender muchas autopistas. En el mundo de las partículas cuánticas todo es distinto. Los físicos han construido en un chip de silicio una diminuta red de cuatro nodos donde las partículas de luz —los fotones— se conectan no solo por caminos directos, sino también mediante el invisible entrelazamiento cuántico. Es como si dos ciudades no se unieran solo por asfalto, sino también por un teletransporte que transmite al instante el estado de una ciudad a la otra.
En el experimento, en el chip se generaban pares de fotones y los investigadores controlaban sus trayectorias con ondas de luz. Midieron que entre los cuatro nodos surgía una conexión especial: un alto entrelazamiento cuántico que es imposible de obtener en una red clásica con la misma densidad de conexiones.
Un nodo cuántico así no es una simple curiosidad. Demuestra que las redes cuánticas pueden crear estructuras complejas con menos recursos que las clásicas. Esto abre el camino a ordenadores cuánticos más eficientes y a comunicaciones seguras, donde interceptar un mensaje se nota de inmediato.
El entrelazamiento cuántico es tan fuerte que, incluso si separas las partículas entrelazadas por kilómetros, medir una determina al instante el estado de la otra, más rápido de lo que tardaría la luz en llegar.
En la serie «La materia oscura», los protagonistas usan el entrelazamiento para comunicarse a través de mundos sin perder tiempo en desplazamientos.