Un interferómetro cuántico superconductor es un dispositivo que detecta campos magnéticos miles de millones de veces más débiles que la aguja de una brújula común. En su interior hay un puente estrecho donde la superconductividad se interrumpe por un instante. Este puente funciona como un torniquete para el flujo magnético: contando cuántos "cuantos" han pasado, el dispositivo mide el campo.
Pero el problema es que el puente se fabrica a partir de dos piezas de superconductor unidas bajo el microscopio. La costura queda irregular: en algunos puntos es más ancha, en otros más estrecha, y en otros tiene agujeros microscópicos. Debido a esto, cada dispositivo se comporta de manera diferente y no se puede lograr una producción en masa.
Este enfoque ha permitido obtener dispositivos con un ruido récord: 40 femtoteslas por raíz de hercio. Es como si estuvieras escuchando el tic-tac de un reloj en la habitación contigua mientras un martillo neumático funciona al lado, y aun así oyeras cada tic.
Ahora, en lugar de una lotería con calidad impredecible, se pueden fabricar en serie detectores igualmente sensibles. Y este es el camino hacia SQUIDs baratos y fiables para hospitales, prospección geológica y computación cuántica.
Los SQUIDs son tan sensibles que pueden detectar el campo magnético generado por un impulso eléctrico en un nervio humano, sin ningún contacto con el cuerpo.
En la película 'Interstellar', los protagonistas utilizan detectores cuánticos para buscar anomalías gravitacionales: los SQUIDs ultrasensibles podrían ser su prototipo real.