El intérprete se distrae con cada susurro en la sala, y una reunión de una hora se convierte en dos. Una estrella de neutrones comprime la masa del Sol en una esfera del tamaño de una ciudad, y la materia de su núcleo es más densa que el núcleo atómico. Los físicos no pueden comprobar en el laboratorio cómo está hecha: no se puede generar la presión necesaria. La ecuación de estado —la relación entre presión y densidad de energía— sigue siendo el gran misterio.
Reconstruir el panorama a partir de retazos de datos es como traducir una frase sin conocer el idioma. Hay muchos enfoques: unos imponen una forma rígida, otros mezclan física y observaciones en una misma red neuronal. Aquí se procedió de otro modo. Se entrenó un modelo de difusión con un millón de perfiles sintéticos de velocidad del sonido —desde media hasta ocho densidades nucleares—. Los perfiles se tomaron de diez clases: politropos por tramos, expansiones espectrales, curvas logísticas con pico, modelos relativistas de campo medio, modelos con velocidad del sonido constante y transición de fase, el modelo quarkiónico de McLerran–Reddy, el cruce de Nambu–Jona-Lasinio y formas motivadas por QCD perturbativa. La teoría de las fuerzas nucleares a bajas energías se incorporó como anclajes en cinco puntos de densidad. Los datos astrofísicos —masas, radios, deformabilidades de marea— se aplicaron después de la generación, mediante reponderación de la muestra. El prior y los datos quedaron separados.
¿Qué se obtuvo? El prior, restringido solo por la teoría nuclear, determina débilmente la velocidad del sonido por encima de dos densidades nucleares. La QCD perturbativa excluye ecuaciones de estado demasiado blandas. La astrofísica exige rigidez para sostener púlsares de dos masas solares. La velocidad del sonido a posteriori completa alcanza una meseta de aproximadamente 0,47 en el centro de la estrella más masiva —sin el pico agudo que imponen los procesos gaussianos—. Los diagnósticos de conformidad —índice politrópico inferior a 1,75, traza de anomalía compatible con cero, distancia conforme inferior a 0,2— indican una materia casi conforme pero rígida. El factor de Bayes contra una fuerte transición de fase de primer orden es 0,14, es decir, probabilidades de 7:1 en contra, pero no la excluye. El radio para 1,4 masas solares es 12,56 km, la deformabilidad de marea es 469 y la masa máxima es 2,06 masas solares.
El intérprete no impone su estilo, solo transmite el significado, separando las voces. Aquí ocurre igual: la red es solo el prior, y futuras mediciones de NICER o LIGO actualizarán las estimaciones con un simple reponderado, sin reentrenar. Esto sienta un precedente para otros problemas inversos mal planteados en física nuclear. Para el lector, lo esencial es: los datos no exigen un pico agudo en la velocidad del sonido, respaldan una materia rígida y casi conforme, y una fuerte transición de fase de primer orden es poco probable, pero no está descartada.
La estrella de neutrones sigue siendo la intérprete del lenguaje de la densidad extrema. Ahora la traducción es más honesta.
Una estrella de neutrones comprime la masa del Sol en una esfera de unos 20 kilómetros de diámetro — es como meter una montaña en una cucharilla de té. La densidad en su núcleo es varias veces la densidad del núcleo atómico, y la velocidad del sonido allí alcanza casi la mitad de la velocidad de la luz.
En la novela “La matriz esquizomática” de Bruce Sterling, las estrellas de neutrones están habitadas por seres inteligentes cuya fisiología se basa en estados exóticos de la materia. Este trabajo sobre un núcleo rígido y casi conforme resuena con la idea de formas inesperadas de materia en condiciones extremas.