En un superconductor, donde los electrones se mueven en pares sin resistencia, pueden correr ondas especiales por los bordes, como ondas a lo largo del borde de una alfombra. El número de estas ondas es una característica importante del material, pero medirlo directamente es difícil. Los científicos propusieron un ingenioso instrumento: una pared móvil dentro del superconductor que separa regiones con diferente "giro" de los pares de electrones.
Cuando la pared se abre, se convierte en un canal para el calor. Por la cantidad de calor que pasa, se puede contar con precisión cuántas ondas de borde corren a lo largo de ella. Es como contar personas que pasan por un torniquete según el número de pasos. Cuando la pared se cierra, se convierte en un resonador: una cavidad donde las ondas térmicas rebotan en las paredes. Si dentro quedan atrapados vórtices cuánticos (pequeños nudos magnéticos), el resonador se desplaza medio paso. Este desplazamiento revela la paridad del número de vórtices: si es par o impar.
Los autores calcularon en detalle cómo pasa el calor a través de la pared y encontraron una manera de distinguir la señal real de la falsa. Una señal falsa puede provenir de un vórtice pegado a la pared desde afuera. Pero si se varía la temperatura, la geometría y se vigila el ruido, el vórtice falso se delata. Los cálculos para capas de grafeno con un giro especial muestran que bucles de menos de una micra a temperaturas de milésimas de kelvin ya dan una señal clara. Este es un camino real para verificar superconductores exóticos que podrían ser la base de computadoras cuánticas.
Una temperatura de milésimas de kelvin es casi cien veces más fría que el espacio exterior.