Una molécula absorbe luz en frecuencias muy concretas, y cada frecuencia es la diferencia entre dos niveles de energía. Si los niveles son islas, las frecuencias son las distancias entre ellas. Antes, para colocar las islas en su sitio, había que saber sus nombres y construir un modelo. Ahora el mapa se arma solo con las distancias.
El algoritmo busca diferencias de frecuencia que se repiten. Si dos líneas están separadas por la misma brecha de energía, es como dos caminos entre las mismas islas. Cerrar cuatro de esos caminos revela la posición de los propios niveles. De las 686 líneas del agua sin etiquetar, el algoritmo reconstruyó 158 niveles de energía.
La precisión resultó ser mil veces mayor que la de las bases de datos antiguas. El mapa está armado, aunque el algoritmo no conoce los nombres de las islas. Se pueden añadir después, cotejándolos con mapas conocidos. Lo importante es que el mapa ya existe y es más preciso que los anteriores.
La longitud efectiva de absorción en la cavidad SCALS es de unos 28 km, como si la luz atravesara una muestra de la longitud de una maratón, aunque la celda en sí mide solo 42 cm.
La idea de recuperar una estructura oculta a partir de mediciones indirectas recuerda a las tramas donde se reconstruye un mapa de un territorio desconocido a partir de fragmentos de datos. En la novela «Contacto» de Carl Sagan, la señal de los extraterrestres contiene instrucciones para construir una máquina, y aquí también, a partir de frecuencias dispersas, se ensambla una red completa de niveles.