Un reflector con haz de ancho variable barre la orilla. Su luz son las olas largas del océano que nacen cuando las olas cortas rompen en la costa. Si el reflector es estrecho, ilumina lejos y con nitidez. Si es ancho, su luz se dispersa y las oscilaciones más rápidas se cancelan entre sí.
La zona de rompiente no es un punto, sino una franja, y además se mueve. Cuando una ola avanza hacia la orilla, la fuente de olas largas se desplaza hacia la playa. Cuando retrocede, se desplaza hacia atrás. Este movimiento comprime las olas que van hacia la costa y estira las que se dirigen mar adentro, como la sirena de una ambulancia cambia de tono al acercarse y alejarse.
Experimentos numéricos en playas con diferentes pendientes mostraron que cuanto más ancha es la zona de rompiente, más se atenúan las oscilaciones rápidas. Este conocimiento ayuda a mejorar los pronósticos de inundaciones y a proteger las infraestructuras portuarias de la resonancia.
Las olas infragravitatorias tienen períodos de 20 a 250 segundos, comparable al tiempo que una persona tarda en realizar varias respiraciones. Estas olas pueden causar oscilaciones del nivel del agua en puertos, dando lugar a resonancias que mecen los barcos amarrados.