Cada noche, el telescopio Kepler observaba la misma porción del cielo, captando diminutas caídas en la luz de estrellas lejanas. Si una estrella parpadeaba con precisión de reloj, eso podía significar que un planeta pasaba por delante. Pero a veces el parpadeo resultaba ser un engaño: la luz se mezclaba de dos estrellas y los astrónomos archivaban la señal como falsa alarma. Así ocurrió con KOI-1623. La señal existía, pero fue descartada porque el centro de brillo se desplazaba hacia donde no se esperaba.
Los autores tomaron los datos antiguos de Kepler y recalcularon los desplazamientos con las coordenadas precisas del satélite Gaia. Luego apuntaron el telescopio Keck con óptica adaptativa, que elimina el temblor de la atmósfera, hacia KOI-1623 y vieron que el sistema no es doble, sino triple. Dos estrellas giran cerca, la tercera está lejos. El análisis de píxeles mostró que el eclipse ocurre en la estrella secundaria, no en la principal. Si se trata de un planeta, su radio es de unos diez radios terrestres, como Júpiter, y su órbita de 110,9 días lo sitúa en la zona habitable, donde es posible el agua líquida.
La verificación estadística dio una probabilidad de falsa alarma de alrededor de una millonésima. Pero sin medir la masa no se puede descartar que sea una enana marrón, un objeto más grande que un planeta pero más pequeño que una estrella. Para averiguarlo se necesitan espectros de alta resolución que muestren cómo se balancea la estrella bajo la influencia de su compañero.
Lo más importante del trabajo no es el planeta en sí, sino la magnitud del error. De las aproximadamente quinientas señales descartadas solo por el desplazamiento del centro de brillo, alrededor de setenta podrían ser planetas reales en sistemas binarios. Si es así, los catálogos de exoplanetas están incompletos y nos estamos perdiendo toda una clase de mundos. Una falsa alarma que resultó ser un hallazgo real nos enseña a revisar los archivos antiguos con nuevas herramientas.
El planeta candidato KOI-1623.01 tiene un radio parecido al de Júpiter, pero orbita una estrella que es dos veces más ligera que el Sol. Si de verdad es un planeta, es uno de los pocos gigantes encontrados en la zona habitable de una enana K.