Dos fotografías del mismo lugar: una tomada por la mañana con un dron, otra por la tarde con un satélite. En la primera se ven sombras de árboles; en la segunda, reflejos en el agua. Es como dos relatos del mismo evento en dialectos distintos. El registro de imágenes es el traductor que encuentra un idioma común entre esos fotogramas.
El traductor busca puntos de referencia: esquinas de edificios, curvas de ríos. Luego los empareja, estima cómo desplazar o rotar una imagen para que coincida con la otra y aplica esa transformación. Para imágenes del mismo tipo se usa el coeficiente de correlación (una medida de similitud de brillos); para tipos distintos, la información mutua (una medida de dependencia estadística).
No existe un traductor universal. Para desplazamientos simples sirven los marcadores; para deformaciones complejas, las redes neuronales y los algoritmos evolutivos. Pero cuando la imagen está cubierta por nubes, los puntos de referencia se pierden y el problema sigue abierto.
Para el registro de imágenes cerebrales de RM y PET, a menudo se utiliza la información mutua: encuentra patrones comunes en las intensidades, incluso si una imagen muestra la anatomía y la otra la actividad metabólica.