Para el registro ultrasensible de la luminiscencia de moléculas individuales en microresonadores, es necesario suprimir la luz parásita del láser estabilizador. Los investigadores utilizaron haces con modos transversales impares superiores (estructuras de luz con perfil anular) para estabilizar activamente la longitud del resonador. Esto permitió alcanzar una estabilidad de aproximadamente 0,5 pm de desviación cuadrática media y, al mismo tiempo, reducir la fuga de fotones del haz de bloqueo hacia el detector en más de 100 veces. El enfoque recuerda al uso de una llave duplicada que encaja perfectamente en la cerradura pero no interfiere con la principal. Los resultados son importantes para las tecnologías cuánticas, donde cada partícula cuenta.
Para ver el brillo de un solo átomo, los científicos construyen un pasillo de dos microespejos. La luz rebota entre ellos, amplificando el débil destello. Pero cualquier vibración de los espejos lo estropea todo. Antes fijaban la distancia con un láser común, pero este entraba en la cámara como una linterna en los ojos al observar luciérnagas.
Ahora usan un haz en forma de dona. Su anillo brillante sujeta los espejos, y en el centro, donde las ondas de luz se anulan, hay oscuridad perfecta. La cámara solo ve el átomo, y el resplandor parásito se reduce cientos de veces. Este haz, ideado por los seguidores de Charles Townes, abre camino a dispositivos cuánticos donde cada fotón cuenta.
🎯 La estabilidad lograda es tal que si se ampliara la distancia a la Luna, las vibraciones serían más finas que un cabello humano.