La luz en forma de dona actúa como una mano invisible, sujetando dos espejos con precisión de media billonésima de metro. El centro oscuro del haz incide exactamente en el detector, que solo ve el átomo, no el resplandor parásito. Un truco cuántico que hará que los ordenadores y sensores del futuro sean perfectamente precisos.
🎯 La estabilidad lograda es tal que si se ampliara la distancia a la Luna, las vibraciones serían más finas que un cabello humano.