De forma similar a como un disco duro lleno responde más lentamente, un agujero negro cargado de información reacciona de manera diferente a las perturbaciones gravitacionales. El efecto se denomina 'carga rápida de memoria' y es universal para cualquier objeto que almacene información de manera eficiente. La fuerza de la huella está determinada por el parámetro de carga (la fracción de almacenamiento ocupado), una nueva característica cuántica macroscópica. Este fenómeno puede notarse en fusiones de agujeros negros a través de ondas gravitacionales e incluso comprobarse en un experimento de sobremesa con bosones fríos.
Agujero negro es como una biblioteca. Cada bit de información que cae en él es un libro. Cuantos más libros, más pesado es y más tiembla todo el edificio ante un empujón. La información acumulada ('carga de la memoria') altera las vibraciones del agujero cuando se le perturba, por ejemplo, al fusionarse con otro agujero negro.
El nuevo parámetro — la fracción del 'almacén' lleno — se convierte en una característica tan fundamental como la masa o la rotación. La idea se remonta a Stephen Hawking y Jacob Bekenstein, quienes relacionaron los agujeros negros con la entropía (una medida de la capacidad de información).
Se puede verificar analizando las ondas gravitacionales de las fusiones mediante espectroscopía, es decir, descomponiendo la señal en frecuencias. Un efecto similar se reproduce en el laboratorio con nubes de átomos fríos. Lo más sorprendente: el temblor de un agujero negro puede revelar de qué se 'alimentó' hace miles de millones de años.
🎯 En un centímetro cuadrado de la superficie de un agujero negro puede haber tanta información como la contenida en mil millones de bibliotecas.
🎬 La idea del agujero negro como almacén de información es familiar en la película 'Interstellar', donde el protagonista transmite datos a través de la singularidad.