Agujero negro es como una biblioteca. Cada bit de información que cae en él es un libro. Cuantos más libros, más pesado es y más tiembla todo el edificio ante un empujón. La información acumulada ('carga de la memoria') altera las vibraciones del agujero cuando se le perturba, por ejemplo, al fusionarse con otro agujero negro.
El nuevo parámetro — la fracción del 'almacén' lleno — se convierte en una característica tan fundamental como la masa o la rotación. La idea se remonta a Stephen Hawking y Jacob Bekenstein, quienes relacionaron los agujeros negros con la entropía (una medida de la capacidad de información).
Se puede verificar analizando las ondas gravitacionales de las fusiones mediante espectroscopía, es decir, descomponiendo la señal en frecuencias. Un efecto similar se reproduce en el laboratorio con nubes de átomos fríos. Lo más sorprendente: el temblor de un agujero negro puede revelar de qué se 'alimentó' hace miles de millones de años.
En un centímetro cuadrado de la superficie de un agujero negro puede haber tanta información como la contenida en mil millones de bibliotecas.
La idea del agujero negro como almacén de información es familiar en la película 'Interstellar', donde el protagonista transmite datos a través de la singularidad.