Según los modelos, en las atmósferas de enanas marrones de baja temperatura y planetas gigantes debería haber fosfina (PH₃). Sin embargo, observaciones anteriores indicaban concentraciones mucho más bajas de este gas de lo predicho. Mediante observaciones espectroscópicas con el telescopio JWST, en la atmósfera de la enana marrón Wolf 1130C se detectaron múltiples líneas de absorción de fosfina en la región de 4,3 µm. A partir de estos datos se calculó la abundancia de fosfina: 0,100 ± 0,009 partes por millón. El valor obtenido coincide con modelos químico-dinámicos de no equilibrio que anteriormente reprodujeron con éxito el contenido de fosfina en Júpiter y Saturno, y supera en órdenes de magnitud las estimaciones publicadas previamente para otras enanas marrones y exoplanetas.
Las enanas marrones son «estrellas fallidas» que no lograron encender su horno nuclear. Más masivas que los planetas pero más ligeras que las estrellas, se asemejan a gigantescas batidoras atmosféricas: sus profundidades son calientes, las capas superiores relativamente frías, y poderosas corrientes agitan esta mezcla. Mediante análisis espectral (descomposición de la luz en colores) con el telescopio James Webb, los científicos detectaron fosfina en Wolf 1130C. Este gas, conocido por Júpiter, apareció aquí en una concentración diez veces mayor de lo visto antes.
Curiosamente, en la Tierra este gas huele a podrido, pero el «cóctel» cósmico se mezcla sin olor. Ahora los astrónomos pueden usar estos marcadores químicos para distinguir con más claridad los exoplanetas gigantes de las enanas marrones.
🎯 En la Tierra, la fosfina es compañera de pantanos en descomposición, pero en el espacio nace en las profundidades y es arrastrada por huracanes.