En las atmósferas de las enanas marrones (estrellas fallidas) y planetas gigantes se esperaba encontrar fosfina, pero antes casi no se veía. Con el telescopio JWST, en la enana Wolf 1130C por fin se encontró mucha fosfina: más o menos como una cucharada de sal en una piscina de agua. Este descubrimiento muestra que la química allí es más compleja y se parece más a Júpiter. ¿Acaso también los exoplanetas esconden sorpresas así?
Las enanas marrones son «estrellas fallidas» que no lograron encender su horno nuclear. Más masivas que los planetas pero más ligeras que las estrellas, se asemejan a gigantescas batidoras atmosféricas: sus profundidades son calientes, las capas superiores relativamente frías, y poderosas corrientes agitan esta mezcla. Mediante análisis espectral (descomposición de la luz en colores) con el telescopio James Webb, los científicos detectaron fosfina en Wolf 1130C. Este gas, conocido por Júpiter, apareció aquí en una concentración diez veces mayor de lo visto antes.
Curiosamente, en la Tierra este gas huele a podrido, pero el «cóctel» cósmico se mezcla sin olor. Ahora los astrónomos pueden usar estos marcadores químicos para distinguir con más claridad los exoplanetas gigantes de las enanas marrones.
🎯 En la Tierra, la fosfina es compañera de pantanos en descomposición, pero en el espacio nace en las profundidades y es arrastrada por huracanes.