Los científicos, a partir del movimiento de las estrellas gigantes, reconstruyeron la forma del halo de materia oscura de la Vía Láctea usando un nuevo modelo dinámico. El halo resultó ser triaxial, y sus ejes mayor y medio se encuentran en un plano perpendicular al disco de la Galaxia, como una rosquilla puesta de canto. Probablemente, en el pasado el disco de la Vía Láctea estaba orientado de la misma manera, pero luego se invirtió por la acción de fusiones menores con galaxias enanas. Esto explica también el plano de los satélites observado y vincula la evolución del disco con la forma del halo oscuro.
El disco estelar de la Vía Láctea es como una brillante veleta, y la materia oscura es la nube invisible a su alrededor. Por primera vez se ha medido su forma con precisión. Los astrónomos rastrearon el movimiento de millones de estrellas y construyeron un mapa tridimensional del halo oscuro hasta una distancia de 160 000 años luz. Hace tiempo, Fritz Zwicky y Vera Rubin demostraron la existencia de masa oculta, pero su distribución seguía siendo un misterio.
El resultado fue asombroso. El halo no es esférico, sino alargado y achatado, como un balón de rugby desinflado. Y su eje mayor se eleva casi vertical respecto al disco estelar, como si un armazón invisible estuviera inclinado 90 grados. Esta orientación coincide con el plano en el que orbitan las galaxias enanas satélite.
Esta inclinación se explica fácilmente: hace miles de millones de años, el disco de la Vía Láctea se volcó bajo la presión gravitatoria de pequeñas galaxias. Las simulaciones por ordenador lo confirman. El descubrimiento vincula el modelo cosmológico estándar con el comportamiento real de las galaxias y, por fin, explica el enigmático plano de los satélites.
🎯 Hay cinco veces más materia oscura que materia ordinaria. Sin su gravedad invisible, las galaxias se desintegrarían por la fuerza centrífuga.