En las colisiones de rayos cósmicos pueden nacer agujeros negros y gravitones, si existen dimensiones ocultas. El análisis de neutrinos de un blázar distante ya ha permitido estimar la escala mínima de esta «nueva física»: M_f > 0,3 TeV. En el futuro, la sensibilidad aumentará hasta miles de TeV. ¿Y si los agujeros negros se evaporan, dejando una huella única de neutrinos?
Los rayos cósmicos —partículas con una energía monstruosa— viajan en la oscuridad del espacio intergaláctico. En una colisión frontal, su fuerza puede comprimirse en un agujero negro del tamaño de un átomo. No es peligroso: como una gota en una sartén caliente, ese agujero se evapora al instante, desintegrándose en un chorro de neutrinos, partículas fantasma que ni siquiera el plomo puede detener. Este proceso fue descrito por Stephen Hawking.
Los astrónomos ya han analizado neutrinos de la galaxia TXS 0506+056. Resultó que, si los agujeros negros se crean, es solo a energías donde el propio tejido del espacio-tiempo se comporta de forma extraña. Los telescopios futuros irán más allá. El misterio tiene su clave: al evaporarse, estos agujeros emiten igual número de neutrinos de todos los sabores, una anomalía que se puede identificar entre el ruido. Y si existen dimensiones adicionales, parte de los neutrinos podría sumergirse en ellas y regresar, creando destellos misteriosos en el vacío. Sería un indicio de realidades ocultas, donde deambulan las ondas gravitacionales.
🎯 Un microagujero negro con la masa de un mosquito desaparecería en 10^-27 s, liberando la energía de una tonelada de TNT, pero de forma segura: casi todo se va en neutrinos que te atravesarían sin que te des cuenta.
🎬 La idea de partículas que se escapan a otras dimensiones recuerda a la serie «Fringe», donde universos paralelos intercambiaban señales inexplicables.