Imagina una olla a presión gigante con roca fundida. En esos planetas, donde la atmósfera de hidrógeno presiona el magma, a altas temperaturas el hidrógeno se absorbe en la roca y, al robarle oxígeno al hierro, forma agua y gotas de hierro. Resulta que el agua puede nacer directamente en las profundidades. ¿Quizás los océanos en el universo aparecen sin la ayuda de cometas?
El tipo de planeta más común en nuestra Galaxia son los mundos rocosos alrededor de otras estrellas, o exoplanetas, envueltos en el gas más simple, el hidrógeno. Su interior seguía siendo un misterio hasta que los científicos recrearon las condiciones del subsuelo en el laboratorio. Resultó que en su interior, el planeta funciona como una olla a presión gigante: con temperaturas superiores a 4000°C y una presión colosal, el hidrógeno penetra en la roca fundida, arrancando oxígeno de los óxidos de hierro. Nace agua, y el hierro liberado se acumula en gotas pesadas, como grumos en un caldo hirviendo. En un solo ciclo de cocción se acumula una masa de agua comparable a decenas de océanos terrestres, y al mismo tiempo se libera calor que calienta el planeta desde dentro durante mucho tiempo. Esta cocina subterránea reescribe la historia del agua en el Universo: los océanos pueden surgir no solo por impactos de cometas, sino también directamente del gas primigenio que envuelve al mundo recién nacido. Y si nuestra Tierra en su infancia también llevó un abrigo de hidrógeno, su propio océano mundial pudo haberse cocinado en el mismo caldero de piedra.
🎯 Si la joven Tierra hubiera logrado retener su envoltura de hidrógeno, ella misma habría «cocinado» su océano mundial, sin necesidad de cometas.