La gravedad actúa como un fotógrafo invisible. Cuando un trozo de metal cae, en su interior, según Albert Einstein y el electromagnetismo de James Clerk Maxwell, se genera un campo eléctrico: así, la curvatura del espacio-tiempo se entrelaza con el electromagnetismo. Este campo, como un destello, altera por un instante el estado cuántico de las partículas cargadas, dejando una huella indeleble: la memoria electromagnética. Aunque el campo se desvanece rápido, el registro permanece para siempre, como una imagen latente en un rollo fotográfico.
Revelar la instantánea es posible con una bobina superconductora: detecta el minúsculo desplazamiento registrado por las partículas. Así se hará visible por primera vez lo que predice la Modelo Estándar de la física: la huella de cualquier evento electromagnético.
El éxito del experimento de mesa abrirá una nueva ventana a la física fundamental, comparable en importancia al registro de las ondas gravitacionales, pero con un equipo mucho más simple. Esta conexión ya fue vislumbrada por John Archibald Wheeler, y en el futuro permitirá leer la historia del universo a través de huellas electromagnéticas invisibles.
Cualquier relámpago o la señal de un móvil dejan en la materia una cicatriz eterna y legible, si el experimento tiene éxito.
La ciencia ficción ha soñado durante mucho tiempo con un dispositivo que lea el pasado a través de ecos electromagnéticos; ahora esa idea empieza a materializarse.