En la teoría clásica, los agujeros negros no presentan deformaciones de marea (números de Love), pero la materia exótica o una gravedad modificada podrían crearlas. El análisis del evento de ondas gravitacionales GW250114, con una relación señal/ruido récord, mostró que la deformabilidad de marea efectiva está limitada por encima a un valor de 34.8 (confianza del 90%). Esto significa que la materia alrededor de los agujeros negros constituye menos del 0.7% de su masa, lo que descarta algunos modelos de estrellas bosónicas y confirma la imagen clásica. Al igual que una gota de mercurio mantiene su forma, los agujeros negros resultaron ser objetos sorprendentemente rígidos.
Si dos bolas de acero giran juntas, su atracción mutua es incapaz de cambiar la forma de cada una. Una bola de agua, por el contrario, se estiraría como una gota. Un análisis reciente de las ondas gravitacionales de la fusión de agujeros negros GW250114, la más definida registrada, mostró: los agujeros negros son como bolas de acero absolutamente rígidas. No se deforman, por mucho que tire su compañera.
El nuevo resultado, obtenido tras procesar la señal de los detectores LIGO y Virgo, establece un nuevo récord: las fuerzas de marea, provocadas por la curvatura del espacio-tiempo y miles de millones de veces más potentes que las que la Luna genera en los océanos terrestres, no dejaron ni rastro de estiramiento. La deformación permitida resultó ser tan insignificante que, si un agujero negro fuera del tamaño de un balón de fútbol, su límite de no retorno (horizonte de sucesos) se habría desplazado menos que el grosor de un protón. Esto descarta hipótesis exóticas como las estrellas bosónicas, grumos cuánticos sin envoltura sólida. Weiss y Thorne alguna vez buscaron desviaciones similares, pero la naturaleza, al parecer, prefiere la simplicidad.
🎯 Si un agujero negro del tamaño de un balón de fútbol estuviera sometido a fuerzas de marea, la deformación permitida de su horizonte sería menor que el grosor de un protón.