Se introduce en la ecuación de Schrödinger-Newton la energía propia gravitacional no local que surge en el marco de la T-dualidad de la teoría de cuerdas. En este modelo, el espacio-tiempo posee una no localidad intrínseca, y el principio estándar de superposición lineal se convierte en una aproximación, válida solo en ausencia de gravedad. Se demuestra que, al tener en cuenta la gravedad, las superposiciones pierden inevitablemente estabilidad, y el colapso de la función de onda surge de la tensión fundamental entre el principio de equivalencia y la superposición cuántica en un fondo semiclásico. Se muestra que las funciones de onda en los sistemas de referencia inercial y en caída libre difieren por un desplazamiento de fase inducido gravitacionalmente, que contiene contribuciones lineales y cúbicas en el tiempo, así como un término global constante. Esto conduce a un colapso espontáneo con un tiempo característico inversamente proporcional a la masa del sistema, independientemente del modelo específico. Los resultados delinean un posible mecanismo para la transición de la descripción cuántica a la clásica, sin necesidad de introducir un observador externo.
En el mundo cuántico, un objeto puede estar en varios lugares a la vez. Sin embargo, en la vida cotidiana vemos las cosas en un lugar fijo. La razón es la gravedad. Una estrella masiva, bajo su propio peso, colapsa inevitablemente en un agujero negro o una estrella de neutrones, pero no puede ser ambas cosas a la vez. Del mismo modo, un cuerpo pesado en superposición cuántica pierde su difuminación: su propia gravedad hace imposible el estado dual.
La ecuación que une las ideas de Schrödinger y Newton mostró que la curvatura del espacio-tiempo entra en conflicto con la superposición. La onda de probabilidad colapsa, y el tiempo de colapso es inversamente proporcional a la masa: los sistemas pesados adquieren certeza casi al instante.
Un giro sorprendente: la superposición genera dos versiones de la geometría del espacio-tiempo, y esa incompatibilidad desencadena una elección instantánea. Incluso en el ascensor en caída libre del experimento mental de Einstein, la ingravidez no salva la situación: la discrepancia acumulada conduce inevitablemente al mismo resultado. Así es como la gravedad transforma el inestable mundo cuántico en una realidad sólida.
🎯 Si la Luna pudiera existir en superposición cuántica, su propia gravedad colapsaría la indeterminación en milmillonésimas de segundo.