Se ha demostrado la levitación cuántica controlada mediante fuerzas de Casimir que actúan entre una superficie de poliestireno y un sustrato metálico con recubrimiento de teflón, sumergidos en una mezcla de tolueno y nanopartículas de magnetita. En el sistema se observan transiciones de repulsión a atracción a distancias donde el efecto es medible. Este confinamiento por Casimir se controla mediante la elección de los materiales metálicos y del ferrofluido. Se analizan en detalle las contribuciones térmica y cuántica, y se muestra la influencia de las propiedades ópticas y magnéticas del ferrofluido en la magnitud de la captura y en el rango de distancias en que se observa.
El espacio entre dos superficies cercanas no es un vacío, sino un pegamento cuántico burbujeante. En él nacen y se extinguen continuamente fluctuaciones cuánticas: microscópicos estallidos de energía que crean una fuerza de atracción o repulsión. Este efecto Casimir se utiliza ahora para hacer que objetos floten sin soporte.
Los investigadores colocaron una placa de poliestireno sobre teflón y llenaron el hueco con un líquido magnético con nanopartículas. Cambiando el campo magnético, controlaban cómo el líquido interactúa con la luz, lo que a su vez influía directamente en la presión cuántica. La placa quedó suspendida, sostenida solo por el campo. Este truco funciona incluso a temperatura ambiente, aunque la agitación térmica de las partículas amenaza con arruinarlo. Los científicos calcularon el límite donde el calor predomina y lo superaron. Lo más sorprendente: cuanto más fino es el ajuste de los materiales, mayor es la levitación: la placa se elevaba décimas de milímetro, lo que a esas escalas equivale a volar varios metros.
🎯 El efecto Casimir fue predicho por el físico holandés Hendrik Casimir en 1948, mientras estudiaba las fuerzas entre moléculas de pegamento.
🎬 La tecnología recuerda a los hoverboards fantásticos que flotan sin ruedas ni motores, solo que en lugar de magia, hay pegamento cuántico.