Las estrellas de neutrones — remanentes superdensos de supernovas — generan ondas gravitacionales al colisionar. Estas vibraciones del espacio pueden imaginarse como una melodía inaudible: cuanto mejor captamos sus notas, más entendemos el interior de estos objetos. Ya en la década de 1930, Fritz Zwicky sugirió su existencia, y más tarde Jocelyn Bell Burnell las descubrió en forma de púlsares — faros cósmicos giratorios.
El programa SPHINCS_BSSN, desarrollado bajo la dirección de Kip Thorne, tuvo en cuenta por primera vez el calentamiento de la materia durante el impacto. Esto permitió reducir el error de cálculo en 10 veces sin pérdida de velocidad.
Se descubrió que la frecuencia principal del estallido tras la fusión cambia en 150 hercios —aproximadamente la nota re— dependiendo de la composición interna de la estrella.
Si las ondas gravitacionales pudieran escucharse, podríamos distinguir cómo suenan los interiores de estrellas de diferentes «recetas». Esto abre el camino a nuevos observatorios terrestres.
🎯 Una estrella de neutrones del tamaño de una ciudad pesa como el Sol, y una cucharadita de su materia pesa más que todos los humanos en la Tierra juntos.
🎬 En la novela 'Contact' de Carl Sagan, una señal extraterrestre está oculta en las ondas gravitacionales de una estrella binaria de neutrones.