Una estrella de neutrones es una esfera del tamaño de una ciudad, pero pesa como una vez y media el Sol. Dentro de esa esfera, la materia está tan comprimida que una cucharadita pesaría miles de millones de toneladas. Pero los físicos no saben con certeza de qué está hecha exactamente esa materia. Hay decenas de hipótesis, y cada una da una respuesta distinta a una pregunta sencilla: ¿qué radio tiene la estrella para una masa dada?
Normalmente, los científicos buscan relaciones universales entre la masa, el radio y otras características de la estrella. Es como encontrar patrones en la altura y el peso de las personas sin saber qué tienen dentro. Pero estas relaciones tienen un inconveniente: siempre son aproximadas. Los autores del nuevo estudio adoptaron un enfoque diferente: el aprendizaje a partir de múltiples modelos computacionales. Crearon miles de estrellas de neutrones virtuales con diferentes interiores y enseñaron al algoritmo a adivinar el radio a partir de indicios indirectos.
El nuevo método no solo entrega un número. Muestra cuán fiable es la respuesta y tiene en cuenta errores que antes no se notaban. Además, el algoritmo encontró por sí mismo una nueva relación útil: el radio de la estrella se puede calcular conociendo su masa y dos frecuencias a las que oscila. Estas frecuencias se pueden medir desde la Tierra, mediante ondas gravitacionales o destellos. Esto significa que pronto podremos determinar los tamaños de las estrellas de neutrones con una precisión sin precedentes, incluso sin conocer su estructura interna.
Una estrella de neutrones gira tan rápido que su superficie se mueve a una velocidad de hasta una cuarta parte de la velocidad de la luz, aproximadamente 75 000 kilómetros por segundo.
En la novela «Esquematrix» de Bruce Sterling, las estrellas de neutrones sirven como faros para la navegación interestelar: sus dimensiones y masas exactas son cruciales para calcular los saltos.