En 2014, una estrella en Andrómeda brilló y desapareció. Diez años después, el Webb detectó calor allí: se escondió detrás de una nube de polvo. No es un agujero negro, sino una estrella envuelta, una rara «muerte silenciosa» sin explosión.
🎯 Los astrónomos notaron las primeras estrellas «silenciosas» recién a principios de la década de 2000. Desde entonces se han encontrado menos de una decena de estos objetos, cada una vale su peso en oro.