La estrella S2 completa una órbita alrededor del agujero negro en el centro de la Vía Láctea cada 16 años, alcanzando velocidades de hasta 7650 kilómetros por segundo. Su órbita es una elipse alargada, y en el punto más cercano se acerca al agujero negro a una distancia 120 veces mayor que la distancia entre la Tierra y el Sol. Los astrónomos han observado esta danza durante dos décadas, registrando la posición de la estrella con una precisión suficiente para detectar desviaciones de unas pocas decenas de kilómetros.
Estas mediciones actúan como un examen muy riguroso para la gravedad. La teoría de la relatividad estándar predice que el espacio y el tiempo son iguales en todas las direcciones, como un campo llano sin senderos ocultos. Pero algunas extensiones de la teoría permiten que en el campo intenso del agujero negro esta uniformidad se rompa: aparece una dirección privilegiada, como un surco invisible que altera ligeramente la órbita de la estrella. Los científicos buscaron ese surco analizando los datos de S2 con un método estadístico complejo, similar a probar miles de escenarios posibles de movimiento.
Resultado: no se encontró ningún surco. La posible distorsión, si existe, es menor que una diezmilésima parte de la magnitud característica del campo gravitatorio del agujero negro. El espacio-tiempo cerca del agujero negro permanece tan liso como un lienzo bien estirado, y la estrella continúa su danza predecible.
En el punto más cercano al agujero negro, la estrella S2 se mueve a aproximadamente el 2,5% de la velocidad de la luz, lo que equivale a unos 27 millones de kilómetros por hora.
En la novela 'El problema de los tres cuerpos', una civilización utiliza la curvatura del espacio para viajar, pero nuestro universo, según S2, no permite tales trucos.