70 días: eso duró el resplandor de despedida de la estrella SN 2018gj tras su muerte. Normalmente, este tipo de explosiones brillan alrededor de cien días. Esta estrella claramente ocultaba algo.
Las imágenes del telescopio Hubble mostraron que, antes de la explosión, se trataba de una supergigante roja, una enorme estrella fría en las últimas etapas de su vida. El análisis de la luz (espectroscopía, la descomposición en colores) y la medición precisa del brillo (fotometría) revelaron dos rarezas. La envoltura de hidrógeno resultó ser delgada. Y su galaxia anfitriona era vieja: no se había producido formación estelar en 40 millones de años, y la metalicidad era baja.
La clave la proporcionó la simulación numérica, esto es, simulaciones por computadora basadas en las leyes de Fritz Zwicky, Cecilia Payne-Gaposchkin y Hans Bethe. Cientos de escenarios mostraron que la estrella nació de la fusión de dos compañeras. Los núcleos se combinaron, las envolturas se desprendieron y surgió una gigante con una capa delgada. Esta explotó más tarde. La probabilidad es superior al 99%.
Ahora los astrónomos lo saben: un resplandor breve es señal de un pasado binario. Midiéndolo, se encuentran otras estrellas con una vida secreta.
Una estrella solitaria de ese tamaño explota en 30 millones de años. Pero esta alcanzó los 80 millones, casi el triple, como si hubiera llevado una doble vida.